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Hogares diversos; valores idénticos

Con motivo del Día de la Familia en Nuevo León, el pasado 6 de marzo, escribí este artículo. Por la confianza que me tuvieron las personas que aquí aparecen: ¡Gracias!

Diferentes al esquema tradicional de familia -papá, mamá e hijos- cada vez son más visibles los diversos modos en que los regios integran sus hogares.
Puede haber una madre viuda o soltera, sin el padre, o al revés. O tal vez son los abuelos quienes quedan a cargo de los hijos de sus hijos.
Lo que prevalece en estas células sociales, con todo y sus diferencias, son el amor, la protección y el deseo de bienestar.
De acuerdo con una investigación de la UANL, presentada el martes, sólo el 40 por ciento de las familias en Nuevo León están integradas de la forma tradicional: padres y sus hijos.
El resto son familias donde la jefatura la lleva desde una madre o padre solteros hasta los abuelos.
También se han hecho más evidentes las familias reconstituidas, donde los hijos tienen un padre biológico y otro no biológico.
Éste es el amplio espectro de familias, cuyo día se celebra hoy, que coexisten en los hogares de Nuevo León.
Entre ellas está la familia tradicional, que científicos sociales han denominado nuclear, como la que integran Rosa María Ruiz, su esposo, José Luis Sánchez, y sus hijos Carolina, de 14 años, Jennifer, de 9, y Daniel, de 6, vecinos de Apodaca.
Para la madre, la ventaja de ser dos quienes encabezan el hogar es que, cuando se presenta un problema, uno puede apoyar al otro y la solución puede llegar más pronto.
"Cuando se presenta una dificultad, pues lo platicamos y tratamos de resolverlo. Si (el problema) es económico, si uno no trabaja, trabaja el otro", comenta Rosa María mientras la flanquean sus hijos más pequeños.
Pero no siempre es así. Tantos tipos de familia puede haber como circunstancias que modifiquen su estructura.
Como ocurrió en la familia de Elvira Cortés. El 24 de mayo del 2005 fue la fecha en que un accidente carretero cambió su vida. Su esposo, Óscar Alejandro, falleció en una volcadura.
Desde entonces, ella se convirtió en cabeza de un hogar a cargo de tres hijos: Fátima, hoy de 17 años, y quien está por ingresar a la universidad, Alexis, de 15, y Óscar Sebastián, de 6.
El sufrimiento de Elvira fue muy grande, aunque igual de grande su convencimiento que debía sacar adelante a sus hijos.
"Cuando una queda viuda una quiere arropar a sus hijos. Te vuelves sobreprotectora, pero también dices 'tengo que ser autoridad, poner las reglas, exigirles'", cuenta esta mujer, quien es trabajadora social del Estado.
También hay hombres que, solos, encabezan una familia, como Noé Alfonso Cruz, un padre soltero.
A las 6:00 horas, ¡todos de pie! Bañarse, vestirse, tomar el desayuno y hasta preparar el lonche para la escuela es la rutina que Noé sigue desde que hace unos meses sus dos hijos quedaron bajo su responsabilidad: Michael Noé, de 10 años, y Jorge Alberto, de 8.
Al mediodía debe dejar por un par de horas su trabajo como abogado para ir por ellos a la escuela y pasar el resto del día juntos, ya sea en el trabajo o en la casa.
"Andan conmigo casi todo el día. En la oficina, en las vueltas; estoy pegado con ellos en la tarea", comenta Noé, quien reconoce que a veces le faltan manos para atender todo lo que los pequeños necesitan.
De ahí que decidió acudir al DIF para recibir orientación sobre cómo guiarlos y fomentarles buenos hábitos y seguridad en sí mismos.
Una de las figuras de familia más visibles en la sociedad es el de las madres solteras.
Cynthia Macías decidió serlo hace casi siete años, cuando quedó embarazada de su pequeño Adrián, hoy de 6 años.
"Así se dieron las circunstancias", comenta esta mamá, quien para cumplir su responsabilidad se apoya en dos grandes columnas: su trabajo como asesora contable y sus padres.
"Al principio sí fue difícil saber que iba a ser madre soltera, que no iba a tener el apoyo del papá, que tenía que solventar todos los gastos. Fue muy difícil", revela.
Cynthia ha decidido, también, ser sincera con su hijo.
"He sido clara, su papá no está con nosotros. Sí me ha preguntado, pero ésa es la respuesta, 'papá no está con nosotros'", comenta.
En la gama de tipos de familia también se insertan los abuelos. Hay, por ejemplo, momentos en que en un mismo hogar conviven las tres generaciones, como en la casa de doña Catarina Castillo, en donde habitan su hijo y los hijos de éste.
Por circunstancias difíciles que decide no explicar, David, de 6 años, y Jared, de 4, viven ahora con ella y con su esposo, don Roberto, en el Fraccionamiento Independencia.
Aunque abuelita, Catarina ha tomado el papel de madre. Se encarga de cuidar a sus nietos, alimentarlos y estar al pendiente de ellos en la escuela.
"Es bien bonito. Los traigo del kínder, les leo cuentos, vemos caricaturas, nos vamos a jugar; me pongo a jugar hasta futbol con ellos", cuenta la abuela.
Mientras los problemas que originaron esta situación no se resuelvan, los pequeños estarán con ella, aunque, como suele ocurrir con los hijos, sabe que no es para siempre.
"Mi prioridad es atenderlos, que estén bien, que vivan bien y que sea lo mejor para ellos", afirma, "si en algún momento sus papás deciden recogerlos, adelante, no me voy a oponer. Yo sé que soy su abuela y que ellos son sus padres, a mí lo que me interesa es que ellos estén bien, donde sea".
Aideé Virginia España, de 24 años, vive actualmente con Alejandro Montalvo, de 21. Ella tiene dos hijos de anteriores relaciones, Ismael, de 7 años, y Eduardo, de 4. Aideé y Alejandro son papás de Cristóbal, de apenas 4 meses de nacido.
"Queremos formar una familia", dice la mamá.
"Mis (primeros) dos hijos saben quién es su papá, pero no ven a Alejandro como el enemigo de que 'por culpa de él, mi mamá no está con mi papá'".
Pero entre la diversidad de familias, hay una que casi nadie percibe, la unipersonal, es decir, quienes viven solos. Principalmente son hombres y mujeres de la tercera edad.
Dionisia Cisneros es una de ellas. Tiene 81 años de edad y renta un cuarto en la Colonia Centro con el dinero que le dan sus tres hijos periódicamente.
Ella acude semanalmente a los talleres y actividades que organiza el DIF, porque sabe que ahí encontrará amigos con quienes conversar, convivir y, ¿por qué no?, moverse al ritmo de un danzón, el género que más disfruta.
"Estoy haciendo ahora lo que en mi juventud no hacía porque anduve trabajando para mantener a mis hijos", cuenta la mujer.
Ha querido trabajar para tener más ingresos, cuenta, pero a su edad resulta casi imposible.
"Me dicen: 'No, es una responsabilidad que me echo, donde se llegue a caer'", señala quien tiene la esperanza de que sus hijos siempre procuren por ella.
Los hogares de Rosa María y José Luis, Elvira, Noé y Dionisia quizá están alejados entre sí por su conformación, autoridad y sostenimiento económico, pero están ligados por metas comunes y valores que los hacen fuertes.

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