Hace más de 8 meses vivimos en Monterrey una emergencia por falta de agua debido a los destrozos del huracán Alex. A propósito del Día Mundial de este incoloro, inodoro, incípido, pero a la vez vital y delicioso líquido, coloco un artículo que trabajé ante aquella crisis hídrica.
Frustración
Girar la llave y que no salga ni una sola gota de agua es una frustración que los regios prácticamente habían olvidado.
Aunque llegó al Estado en forma de tormenta, el huracán "Alex" costó vidas, destruyó vialidades e inundó casas, al mismo tiempo que trastocó el ritmo ordinario de una población acostumbrada a satisfacer su necesidad de agua en cualquier momento del día.
El fenómeno natural vino a subrayar con rojo el adjetivo "vital" del líquido, luego de que miles de habitantes han sufrido la interrupción del servicio de agua potable desde el 1 de julio, cuando el meteoro arreció.
La lección, señalan expertos, es un impulso al ahorro del agua en Monterrey, donde diariamente un millón de grifos se abren para beneficiar a 4 millones de personas.
A raíz de esta crisis hídrica hubo quienes llegaron a darse cuenta de que para lavarse los dientes es suficiente un vaso con agua y para bañarse no es necesario permanecer bajo la regadera casi media hora.
"Se nos había olvidado lo que es padecer unos días sin el vital líquido", dice Elizabeth Cerda, directora de comunicación social de Agua y Drenaje, y presidenta de la Asociación Nacional de Cultura del Agua.
"Sólo con el hecho de levantarnos y abrir la llave teníamos la confianza de que el agua estaba ahí".
Este golpe de realidad no se veía desde los años 80 y 90 en que los cortes del servicio eran cada noche, como una medida emergente contra las fuertes sequías.
En estos días, cientos caminaron con tinas y botes para conseguir el preciado líquido, aprovechar los veneros que brotaron en la sierra o sufrir los aumentos en el precio del agua.
"Me dijeron que por aquí había un venero", dijo un automovilista, quien con angustia buscaba agua por las calles de la Colonia Villa del Río.
Para su mayor desesperación, la respuesta de una transeúnte fue negativa.
"Lo más difícil fue bañarse y asearse en general", recuerda Jorge Eurán, empresario vecino de la Colonia Villa Las Fuentes.
"Tenemos una niña y un bebé de siete meses, así que imagínate. Nos acabamos los geles desinfectantes y las toallitas húmedas porque las usábamos para todo. Ni qué decir de cómo lavar trastes de cocina, frutas y comida en general".
Cerda, Premio George Warren de la Asociación Americana de Trabajo por el Agua, cuenta que en estos días escuchó los testimonios por los que ha trabajado en las últimas dos décadas.
"Me mencionaban personas que no se habían dado cuenta de que con una tina de agua pueden asear su cuerpo. Antes, con el agua las 24 horas, se tardaban más en la regadera y no la valoraban", relata.
"Decían algunas personas: 'Con una tina, nada más, con eso me bañé y fue suficiente'".
Crece cultura del agua
"Alex" representa una oportunidad para reforzar una cultura que ha crecido en los últimos 10 años.
Según cifras de Agua y Drenaje de Monterrey, en el 2000 el consumo de agua por casa en Nuevo León era de unos 19.5 metros cúbicos por mes, mientras que este año llegó a 16.4, que equivalen a 130 litros por habitante por día.
Esto pese al aumento de la población en la entidad, que en el mismo periodo fue del 42 por ciento.
La ONU recomienda de 20 a 50 litros de agua al día como mínimo para satisfacer las necesidades básicas de una persona como beber, cocinar y limpiar. Tan sólo en un minuto de regadera se van 26 litros.
Enrique Cázares, investigador del Centro del Agua para América Latina y el Caribe, con sede en el Tec, afirma que en Monterrey se tiene una mayor conciencia de la importancia del agua.
"Una de las razones es que en muchas partes de la República hay una falta de cultura de pago del agua tremenda. En cambio, en Monterrey y el área metropolitana más del 90 por ciento pagamos el agua", señala el académico.
"La labor que se hace en las escuelas para que estén conscientes de lo que está atrás para que el agua llegue a sus casas influye en un uso más racional".
A casi una semana sin el servicio, Cázares cuenta que al almacenar el agua de lluvia pudo cubrir, al menos, las necesidades de higiene.
"Yo hacía un uso racional del agua, pero con esto, creo que puedo ahorrar más agua. Poner mis cubetas cuando llueva o en la lavada de dientes un pequeño vaso y no la llave abierta", reflexiona.
"Alex" impactó la vida de todo el Estado, pero también la conciencia de sus habitantes en el uso de un recurso natural que solía pasar desapercibido.
Frustración
Girar la llave y que no salga ni una sola gota de agua es una frustración que los regios prácticamente habían olvidado.
Aunque llegó al Estado en forma de tormenta, el huracán "Alex" costó vidas, destruyó vialidades e inundó casas, al mismo tiempo que trastocó el ritmo ordinario de una población acostumbrada a satisfacer su necesidad de agua en cualquier momento del día.
El fenómeno natural vino a subrayar con rojo el adjetivo "vital" del líquido, luego de que miles de habitantes han sufrido la interrupción del servicio de agua potable desde el 1 de julio, cuando el meteoro arreció.
La lección, señalan expertos, es un impulso al ahorro del agua en Monterrey, donde diariamente un millón de grifos se abren para beneficiar a 4 millones de personas.
A raíz de esta crisis hídrica hubo quienes llegaron a darse cuenta de que para lavarse los dientes es suficiente un vaso con agua y para bañarse no es necesario permanecer bajo la regadera casi media hora.
"Se nos había olvidado lo que es padecer unos días sin el vital líquido", dice Elizabeth Cerda, directora de comunicación social de Agua y Drenaje, y presidenta de la Asociación Nacional de Cultura del Agua.
"Sólo con el hecho de levantarnos y abrir la llave teníamos la confianza de que el agua estaba ahí".
Este golpe de realidad no se veía desde los años 80 y 90 en que los cortes del servicio eran cada noche, como una medida emergente contra las fuertes sequías.
En estos días, cientos caminaron con tinas y botes para conseguir el preciado líquido, aprovechar los veneros que brotaron en la sierra o sufrir los aumentos en el precio del agua.
"Me dijeron que por aquí había un venero", dijo un automovilista, quien con angustia buscaba agua por las calles de la Colonia Villa del Río.
Para su mayor desesperación, la respuesta de una transeúnte fue negativa.
"Lo más difícil fue bañarse y asearse en general", recuerda Jorge Eurán, empresario vecino de la Colonia Villa Las Fuentes.
"Tenemos una niña y un bebé de siete meses, así que imagínate. Nos acabamos los geles desinfectantes y las toallitas húmedas porque las usábamos para todo. Ni qué decir de cómo lavar trastes de cocina, frutas y comida en general".
Cerda, Premio George Warren de la Asociación Americana de Trabajo por el Agua, cuenta que en estos días escuchó los testimonios por los que ha trabajado en las últimas dos décadas.
"Me mencionaban personas que no se habían dado cuenta de que con una tina de agua pueden asear su cuerpo. Antes, con el agua las 24 horas, se tardaban más en la regadera y no la valoraban", relata.
"Decían algunas personas: 'Con una tina, nada más, con eso me bañé y fue suficiente'".
Crece cultura del agua
"Alex" representa una oportunidad para reforzar una cultura que ha crecido en los últimos 10 años.
Según cifras de Agua y Drenaje de Monterrey, en el 2000 el consumo de agua por casa en Nuevo León era de unos 19.5 metros cúbicos por mes, mientras que este año llegó a 16.4, que equivalen a 130 litros por habitante por día.
Esto pese al aumento de la población en la entidad, que en el mismo periodo fue del 42 por ciento.
La ONU recomienda de 20 a 50 litros de agua al día como mínimo para satisfacer las necesidades básicas de una persona como beber, cocinar y limpiar. Tan sólo en un minuto de regadera se van 26 litros.
Enrique Cázares, investigador del Centro del Agua para América Latina y el Caribe, con sede en el Tec, afirma que en Monterrey se tiene una mayor conciencia de la importancia del agua.
"Una de las razones es que en muchas partes de la República hay una falta de cultura de pago del agua tremenda. En cambio, en Monterrey y el área metropolitana más del 90 por ciento pagamos el agua", señala el académico.
"La labor que se hace en las escuelas para que estén conscientes de lo que está atrás para que el agua llegue a sus casas influye en un uso más racional".
A casi una semana sin el servicio, Cázares cuenta que al almacenar el agua de lluvia pudo cubrir, al menos, las necesidades de higiene.
"Yo hacía un uso racional del agua, pero con esto, creo que puedo ahorrar más agua. Poner mis cubetas cuando llueva o en la lavada de dientes un pequeño vaso y no la llave abierta", reflexiona.
"Alex" impactó la vida de todo el Estado, pero también la conciencia de sus habitantes en el uso de un recurso natural que solía pasar desapercibido.
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